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sábado, 14 de junio de 2014

El fútbol.

Por: Pepe Ruiz.
Original en Incursiones.

Resulta muy fácil criticar, desde una postura elitista e intelectualista, los fenómenos de masas como fenómenos de alienación y embrutecimiento colectivo. Lo que no se puede esperar en modo alguno es que las masas, tras su monótona y gris semana laboral, se encierren en las bibliotecas a leer atentamente la Crítica de la Razón Purade Kant, los Diálogos de Platón o elUlises de Joyce o que deleiten su espíritu en la sala de conciertos mientras escuchan la Incompleta de Schubert o laSinfonía Heroica de Beethoven. Como vengo afirmando reiteradamente, toda estructura represiva precisa de una transgresión a su justa medida.


La transgresión regulada tiene muchos nombres: evasión de la realidad, entretenimiento, ocio, diversión o espectáculo. La transgresión en cierto modo nos ayuda a vivir.  El hecho de que el Capital haya convertido o integrado la transgresión como negocio y fuente de pingües beneficios no invalida el hecho sustancial de que los grandes espectáculos de masas, y en particular los deportivos, sean parte esencial de la existencia humana. Incluso el hecho mismo de que el fútbol, como transgresión identitarizadora, intervenga como un agente activo en la construcción e intensificación del sentido identitario de pertenencia a la nación, no nos puede hacer pensar que su ausencia fuera a remediar esta situación: son muchas las bazas y los repuestos que tiene el nacionalismo a su alcance. Aparte de las funciones especificadas, el fútbol, como cualquier otro espectáculo deportivo de evasión,  ha desempeñado un papel crucial como nexo bio-social, como punto de intersección imaginario entre nuestra animalidad y nuestra culturalidad o, simplemente, como forma de transgresión-regresión a nuestros componentes instintivos más primarios. Tampoco tiene porqué ser criticable la tendencia a la regresión a la animalidad. Es, más bien, inevitable: cuanto más intensas sean las tentativas civilizatorias de una sociedad, con tanta más fuerza surgirán esas tendencias regresivas-transgresoras.

Unos grupos de humanos se enfrentan a otros. Ambos se encuentran  desprovistos de artilugios y otros artefactos técnicos que no sean unas botas y un balón de reglamento. Se prohíbe el uso de las manos, de esos órganos prensiles que tan necesarios nos son en la vida cotidiana y que tan decisivo papel desempeñaron en nuestro proceso de hominización. Es como si se penalizaran las facultades orgánicas que en su momento conectaron a homo sapiens con la cultura. Cada equipo cuenta exclusivamente con dos órganos prensiles, los del respectivo guardameta. Solo se juega con las piernas y con los pies, se activan los músculos de la marcha, la carrera, el salto. Solo vale la patada y el cabezazo, la persecución de un objeto  al que no se le puede retener ni tocar, solo golpear con el pie. Pese a que las distintas  trayectorias seguidas por el balón obedecen a las patadas y cabezazos de los jugadores, este se comporta casi como un objeto de la naturaleza que, sujeto a dos sistemas de trayectoria opuestos, adquiere su propia autonomía como un ser vivo difícil de dominar y darle caza.
  
Representación Improvisada e Improvisación Representada


La Representación Convencional (Sin Improvisación): Lo que caracteriza a la música y al teatro es su cualidad de representaciones creadas y producidas con anterioridad a su puesta en escena, a su conversión en espectáculo. Los actores y los intérpretes han de limitarse a conocer el papel, el texto y la partitura. El autor-creador ya no está en la escena, incluso puede haber muerto hace mucho tiempo. Los intérpretes se limitan a reproducir la obra fielmente. de ellos solo puede esperarse su capacidad de reproducción técnica y su expresividad artística aunque nunca saliéndose de los marcos y formas que dirigen la estructura general de la obra. Los actores se meten en el papel, los intérpretes se ajustan a los compases de la partitura. El margen de improvisación permitido en este caso es mínimo, el que pueda resultar de la voluntad del creador o del especial virtuosismo del intérprete. La música, sin embargo, puede fabricarse sin creador, en el sentido de que el intérprete puede hacer las veces de intérprete y creador al mismo tiempo. La música instrumental oriental no obedece al mismo esquema que la de occidente. el intérprete puede improvisar durante horas sobre la base de unos acordes y unos compases. existe un género, como el Jazz, basado enteramente en la improvisación

La Representación Improvisada Vemos que el teatro en todo caso lo que hace es imitar a la vida, reproduciendo aspectos de la vida congelados. La Antígona de Sófocles se ha reproducido cientos de miles de veces y se reproducirá otros tantos cientos de miles sin que se llegue a variar ni una sola coma del argumento. Jamás veremos dos competiciones de baloncesto, boxeo o golf idénticas. La especificidad del deporte, de la competición deportiva, en calidad de juego-espectáculo, radica en la puesta en escena de un género de representación que incorpora a un mismo tiempo la aleatoriedad o incertidumbre y la creación escénica con base a unas reglas. La primera regla la establece el marco general bajo el que se desenvuelve, el escenario propiamente dicho. El tipo de competición deportiva que enfrenta dos rivales en el campo, pista, ring, etc se nos presenta como una síntesis dialéctica cuya unidad es la resultante del diferente juego de los adversarios, de la conjunción de estrategias dispares, de sus acciones y de sus correlativas reacciones, de los sistemas de defensa y de los de ataque correspondientes. La competición deportiva es todo un campo de prueba de habilidad, de  táctica y de estrategia. Pone en juego los reflejos y  la capacidad de respuesta, el ingenio y la capacidad de improvisación, del engaño así como de la capacidad de o dejarse engañar, de la resistencia y de la maniobra de desgaste. Se trata de toda una puesta en escena de la práctica intelectual y material humana, de su juego por la supervivencia, de las inexorables leyes del azar y de la necesidad, de las reglas que impone la vida, de la técnica como medio de sortear el azar y la incertidumbre, de una técnica que nunca impone la primacía porque a lo que ha de enfrentarse es a otra técnica que puede ser desconocida para el adversario, explotar el factor sorpresa, jugar al despiste, al agotamiento del contrario... todo está en el juego. Lógicamente todos estos elementos lo convierten en un impulsor y propagador de primer orden de pasiones y emociones humanas.

 La representación improvisada ocupa su lugar como espacio limitado de transgresión de una sociedad civil que, definida y constituida en un principio como participativa, ha acabado amputando de sí misma las formas y mecanismos de participación alienándolos bajo las estructuras de la representación, que ha sectorializado la actividad económica y el conjunto de la vida cotidiana en compartimentos estancos, donde la vida está organizada y planificada hasta el mínimo detalle sin que se permita la más mínima improvisación.

Indudablemente, se ha producido un trasvase de pasiones gregarias, asociativas e identitarias, de la mano de la efectiva despolitización del mundo de la política. La política altamente burocratizada y tecnocratizada del mundo occidental ha lanzado en tropel a los ciudadanos a depositar esas antiguas pasiones

El Fútbol como placebo universal de la política

Por eso son necesarios los sucedáneos, motivos que tengan entretenida a la ciudadanía, temas a los que puedan acceder, que les permitan hablar y comunicarse entre sí partiendo de un mínimo de conocimiento de causa y que a su vez suscite pasiones partidistas ... ¿qué mejor que el fútbol?  El fútbol es sin duda un sucedáneo especial, se sirve con una regularidad asombrosa, cuenta con todos los ingredientes de la política: líderes, seguidores, escudos, banderas e himnos. Los periodistas a diario acosan y recaban las interesantes declaraciones de un entrenador de fútbol  con el mismo interés y la misma consideración que le pudiera corresponder a un Primer Ministro.  Además, y esto es lo más importante, imprime un fuerte sentido de Identidad y de pertenencia al grupo (de hecho, los políticos nacionalistas son conscientes del papel que desempeña el fútbol en la formación de la Identidad nacional y en esa medida fomentan dicho deporte.  No es, ni mucho menos, casual, que en el trasfondo de la rivalidad Real Madrid C.F. - F.C. Barcelona descanse la tensión entre el nacionalismo españolista y los nacionalismos periféricos).  

La participación del seguidor entusiasta, al igual que sucede en la alta política, resulta irrelevante en la medida en que el resultado final, hagan lo que hagan, digan lo que digan y piensen lo que piensen aparece como inmutable e independiente de sus deseos. No pueden votar ni decidir el resultado. Quizá eso sea lo que transmita más emoción y entusiasmo, la incertidumbre del resultado final. La victoria solo está en manos de los dioses: un equipo puede jugar bien y perder y otro puede jugar mal y ganar, además de que las victorias no dependen de uno solo sino también del contrincante, de la intersección de ambos, si no del eterno culpable, el árbitro. 

También, al igual que en la política, se transmite la alegría por el triunfo y el pesar por la derrota, la decepción y el desencanto. El fútbol es reino de la indeterminación y de la incertidumbre, del azar y de la necesidad, nadie está predestinado a ganar ni a perder, los equipos mejor dotados y equipados técnicamente, mejor coordinados y sincronizados no tienen en sus manos todas las bazas del triunfo. La improvisación juega también así como la estrategia del despiste del bando contrario. El fútbol es estrategia militar concentrada en el césped. Juegan también los factores naturales, el tiempo y el clima. Los ejércitos regulares muy bien saben que poco o muy poco pueden hacer contra las anárquicas guerrillas, conocedoras del terreno, invisibles la mayoría de las veces y con muchas posibilidades de tender una emboscada mortífera. La estrategia futbolística, al igual que la estrategia militar, es síntesis entre planificación e improvisación, una síntesis donde difícilmente puede adivinarse donde llega lo planificado y donde empieza lo improvisado

El sentido de la cúspide, el del momento decisivo y decisorio, que en política se produce de tarde en tarde, solo con ocasión de las convocatorias y escrutinios electorales, en el fútbol es contínuo, se reproduce de encuentro deportivo en encuentro deportivo, que suele ser semanal, incluso diario. Pero no deja de ser un sucedáneo, un placebo que a la par que incorpora las formas y rituales propios del mundo de la política, su resultado es irrelevante para los intereses del seguidor. Y ese es, a su vez, su gran peligro. Su radical visceralidad. Como sucede con los nacionalismos no hay vasos comunicantes ni trasvase de seguidores de los clubes. El sentido de pertenencia al grupo es de otro orden distinto al racional, es de orden tribal.

El Fútbol como campo de observación en etología

He de reconocer que nunca me ha interesado el fútbol en sí mismo.  Cuando retransmiten un partido no es en el césped en lo que me fijo, sino en lo que hay alrededor, los espectadores. Contemplar a la hinchada en acción es todo un espectáculo, toda una puesta en acción del lenguaje gestual; muecas de todo tipo, gesticulaciones hiperbólicas, saltos de alegría, gestos de indignación, abrazos de regocijo, suspiros de alivio, vellos erizados, dientes castañeteantes, rostros en tensión fruncidos ... toda la gama de sentimientos que nos liga a nuestra animalidad mamífera: amor, odio, alegría, tristeza, entusiasmo, indignación, placer, regocijo, rabia,  es como si el simio que llevamos dentro  saliera de nosotros para manifestarse con entera libertad.  Esa faceta de nuestra realidad, reprimida por la cultura y que se manifiesta dosificadamente en nuestra vida cotidiana, explota y se multiplica en el contacto directo con el grupo. El colectivo en estos casos puede desempeñar el mismo papel que las sustancias excitantes y alucinógenas, en calidad de protector social del éxtasis y de agente multiplicador de emociones. Las facultades de razonamiento y discernimiento retroceden en la misma medida en que el componente anímico no-racional va ocupando el puesto vacante. Las personalidades individuales se entretejen y cuasi-disuelven en el órgano colectivo hasta el punto de estructurar un sistema de gritos y movimientos acompasados grupales. La emoción vivida pone a todos de pié al unísono y los hace levantar los brazos al compás sin que una orden de fuera lo imponga. Se crea un sentimiento de grupo, colectivo.

sábado, 7 de junio de 2014

Nuestros instintos primitivos pueden explicar la creencia en dioses y fantasmas.

¿Por qué todos los pueblos han desarrollado ideas sobre dioses o seres sobrenaturales? ¿Por qué la mayoría de las personas se aferran a creencias en seres de los que no hay pruebas? La respuesta a estos interrogantes es el trabado de Steve Kelly prestigioso especialista en Psicología Cognitiva y Experiencia Religiosa.

El psicólogo investigador ha llegado a la conclusión que nuestros cerebros se forjaron bajo la premisa que el mundo está gobernado por fuerzas que no podemos controlar. 

Lo que nos recuerda una escena de CSI en la que un pastor cristiano le pregunta al científico ateo ateo Gil Grissom¿Cree usted en el exorcismo?, a lo que el investigador responde: “Usted es un hombre de la sabana; con el rabillo del ojo ve un movimiento, supone que es un león, y huye. Pero si supone que es el viento y se equivoca, muere. Tenemos los genes de los que huyen; hemos sobrevivido gracias a eso, y es por eso que estamos hechos para creer en fuerzas que no podemos controlar”.

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Texto de Steve Kelly.
Original en inglés en The Conversation.



Las nociones de dioses han surgido en todas las sociedades humanas, desde las deidades poderosas y omniscientes a los espíritus simples del bosque. Un método reciente de examinar el pensamiento religioso y la conducta vincula su ubicuidad y la similitud de nuestras creencias a las formas en que los procesos mentales humanos fueron adaptados para la supervivencia en tiempos prehistóricos.

Para un homínido ancestral tras escuchar un ruido en un matorral
lo mejor es salir huyendo. ¡Quizás sea un depredador!
Los genes que favorecían la formación de redes neuronales que
asumían que detrás de cada evento había un agente vivo causándolas fueron
las que sobrevivieron. Un enfoque escéptico tal como "¿qué causó ese
chasquido en el matorral? Hay dos hipótesis: Puede ser un depredador o puede
ser otra cosa, Iré a investigar" no podría habría prosperado. FYRV
Se basa en un par de observaciones sobre la psicología humana. En primer lugar, cuando un evento ocurre, tendemos a suponer que un ser vivo la causó. En otras palabras, se supone un agente detrás de ese evento. Si usted piensa en el tipo de eventos que podrían haber ocurrido en tiempos prehistóricos, es fácil ver por qué un sesgo hacia el agente causal resultaría útil. Un susurro de un arbusto o el chasquido de una rama podría ser causado por el viento. Pero es mejor asumir que es un león y salir corriendo.

Los sobrevivientes que tenían esta tendencia a atribuir más fácilmente a un agente pasaron sus genes de generación en generación, incrementando el cableado cada vez más intrincado de toma de decisiones rápidas en el cerebro. Esto no es algo que la gente necesita  aprender. Se produce de forma rápida y automáticamente.

Tendencias empáticas


El segundo rasgo es sobre cómo vemos a los demás. Mientras vivían juntas en una tribu habrían tenido muchas ventajas para la supervivencia en tiempos prehistóricos, llevarse bien con todo el mundo no ha sido siempre fácil. Comprender el comportamiento de los demás requiere que usted entienda sus pensamientos y creencias, especialmente cuando éstos pueden ser incorrectos debido a que alguien no puede conocer todos los hechos de una situación.

Esto se conoce como "teoría de la mente". Esta idea dice que asumimos automáticamente que hay razones detrás de la conducta de los otros con el fin de comprender mejor por qué se comportan como lo hacen. No tener esta facultad se ha propuesto como la base de trastornos del desarrollo como el autismo.

Usted puede preguntarse que tienen que ver estos dos procesos cableados con la creencia en los dioses. Imagínese una piedra que cae en el fondo de una cueva. Nuestro dispositivo de un agente causal nos dice que alguien hizo que sucediera. Con ninguna evidencia, ¿Podría ser una criatura invisible o un espíritu? Si es así, ¿por qué estaría husmeando? ¿Para conocer secretos sobre nosotros o para descubrir si somos personas buenas o malas?

Otro ejemplo podría ser una erupción volcánica. Ante la falta de conocimiento geológico, el sistema de agente causal de nuestros antepasados ​​tribales habría atribuido este evento a una persona - pero que sin duda tiene una capacidad sobrehumana. ¿Y por qué iban a querer causar tal destrucción ? Tal vez la erupción significó un castigo, tal vez porque la tribu no había actuado de acuerdo con los deseos de ese ser.

De fantasmas y dioses 


Los anteriores dos simples ejemplos nos deben ayudar a comprender cómo estos mecanismos cableados podrían haber llevado a los inicios de la creencia en los dioses, así como en los fantasmas y otras criaturas sobrenaturales. Nuestros antepasados ​​habrían llegado a conclusiones acerca de las apariciones sobrenaturales encajando estos instintos hacia el agente causal y la teoría de la mente.

Esto se aplica incluso al abrahámico, omnisciente y todopoderoso dios. Él puede parecer muy inhumano, a primera vista, pero se ha demostrado que nosotros razonamos sobre él de una manera muy humana.Procesos de razonamiento cableados ayudan a explicar cómo las ideas religiosas son tan duraderas, difundiéndose a través de los continentes y de generación en generación. 


Tanto estos y otros antiguos instintos se hacen evidentes a partir de observaciones en los los niños. Los niños muy pequeños parecen mostrar una comprensión muy precisa de las leyes físicas. Por ejemplo, se sabe que dos objetos sólidos no pueden combinarse en uno o que los caballos no tienen engranajes de metal en su interior. Los psicólogos del desarrollo han sugerido que los niños son biólogos, físicos y psicólogos intuitivos - utilizando la teoría de la mente.

¡Sumus rosaceae! 


Los conceptos que violan los entendimientos intuitivos parecen ser más memorables que otros. Una rosa que susurra en latín viola una comprensión intuitiva de que las plantas no tienen mentes o boca y por lo tanto no pueden susurrar en una lengua antigua - o cualquier otro idioma para el caso. 

Si un relato contiene un hecho contra-intuitivo tiene más probabilidades
de quedar en la memoria y de propagarse en la sociedad. Esto se conoce como
la teoría de la memoria contra-intuitiva.
Puede ser que la violación de un concepto intuitivo llame especialmente la atención y el interés, por lo que sirve para incorporar la idea en la memoria. Muchas historias religiosas contienen conceptos que parecen violar esta clase especial de intuición, como un hombre que camina sobre el agua o un arbusto en llamas que habla. Estos cuentos se aprovechan de esta característica de la memoria para propagarse con éxito a sí mismos y se resisten a caer en el olvido. 

Steve Kelly psicólogo investigador de los
mecanismos psicológicos que dieron origen
 a la creencia en dios y fantasmas.
Poner estas ideas juntas es una forma de explicar el pensamiento religioso y la conducta. Usted podría ir más allá y sugerir que, si estas ideas son correctas la religión no es más que un producto derivado del cerebro que procesa un error.

Pero esto supone que las experiencias religiosas/sobrenaturales no son ciertas. Si la mente humana fue capaz de experimentar un dios, entonces las teorías del agente causal, la de la mente y la de la memoria para la contra-intuitiva nos ayudan a darle sentido. Si eso llegara a suceder, las conclusiones no estarán en error. 

El Dr. Kelly presento estas ideas en una conferencia en Glasgow en la noche del Jueves 22 de mayo.