El pensamiento abstracto activa redes sensoriales cuando escuchamos frases como "que vida tan dura".
"Hace años que vengo pegándome al coco por una solución", "ha sido un día muy duro", tiene una lengua afilada", "esta chiquilla es una huracán", "es el fruto de nuestro amor", "tiene esa trompa muy suelta", "me lanzó dardos con la mirada"...
El lenguaje rebosa con metáforas. Es una forma de vida explicar las cosas con palabras distintas que representan un sentimiento, una forma de describir mucho mejor, una emoción, una expresión. No solo la literatura, la academia y la prensa se valen de las metáforas para articular elegantemente, para enseñar, para divertir y entretener, sino que la cotidianidad navega en sus mares también, entregándose al símil, a las alegorías, la sombología y demás para dejar dicho en pocas palabras lo que sentimos.
De hecho, nuevos experimentos en neurología indican que cuando escuchamos "la vida es dura", áreas en el cerebro que e encargan de procesar estímulos sensoriales se encienden como un estadio listo para el gran juego. ¡Vaya metáfora!."La investigación anterior nos permitió establecer con confianza el enlace dentro del cerebro del cerebro entre las metáforas que tienen que ver con el tejido de algo y la experiencia sensorial que ofrece la textura misma. Interesantemente, las regiones visuales corticales no fueron activadas por las metáforas de texturas, lo que confirma otras evidencias que indican la primacía del tacto en la percepción de la contextura", explica Kriss Sathian, del centro de neurología, medicina y rehabilitación y psicología en Emory. "El resultado ilustra cómo extraemos entendimiento del lenguaje metafórico utilizando las experiencias sensoriales".
Siente voluntarios, estudiantes universitarios, participaron en el experimento. Ellos tenían que escuchar oraciones que contenían metáforas basadas en texturas, también escuchaban oraciones creadas a través de significado. Todo ello era producido debajo de máquinas de resonancia que rastreaban el flujo de sangre por el cerebro. Las estructuras que son más activas por la sangre y la electricidad son las que están en uso.
Pues bien, las metáforas tomaron unos micro-segundos más para ser comprendidas. Las oraciones regulares sin adornos lingüísticos tomaron 0.63 segundos en ser comprendidas, las metáforas 0.84. Sathia y su equipo indagarán si la estimulación magnética en regiones asociadas con la experiencia sensorial puede interferir con el entendimiento de las metáforas.
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